Publicada en lavaca.org, el 6 de junio de 2020 (*)

En el contexto actual de pandemia y encierro obligatorio, el sector de la cultura es uno de los más perjudicados: con la actividad parada, la ayuda estatal no llegó a todos los sectores, y se prevé que será de los últimos en reiniciar las actividades una vez que se salga de la cuarentena y se vayan superando las restricciones. La dificultad en el pago de los servicios, alquileres y la falta de políticas públicas destinadas al sector cultural son urgencias que las entidades que nuclean a diferentes espacios independientes visibilizan no para buscar paliativos, sino para que se reconozca de una vez la labor cultural independinte de Argentina.

Las organizaciones AC (Abogadxs Culturales), ARTEI (Asociación Argentina del Teatro Independiente), CLUMVI (Cámara de Clubes de Música en Vivo), ESCENA (Espacios Escénicos Autónomos) y MECA (Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos) decidieron afrontar juntes esta crisis. “Si bien cada agrupación tiene su propia organización interna, en general cuando hay conflictos que son transversales en la cultura independiente, trabajamos en conjunto, sobre todo en la línea de tarifas y en este caso en la cuestión que tiene que ver con los alquileres”, expone Alejandra Carpineti, actriz, productora de La Carpintería Teatro y parte de la Comisión Directiva de ARTEI.

En lo que respecta a los contratos de alquileres de espacios donde se realizan actividades culturales, están revisando legalmente si corresponde o no el pago en este contexto de emergencia. Este aporte viene de la mano de Abogados Culturales y la argumentación se ciñe a lo enunciado en el Código Civil y Comercial: “Si por caso fortuito o fuerza mayor, el locatario se ve impedido de usar o gozar de la cosa, o ésta no puede servir para el objeto de la convención, puede pedir la rescisión del contrato, o la cesación del pago del precio por el tiempo que no pueda usar o gozar de la cosa. Si el caso fortuito no afecta a la cosa misma, sus obligaciones continúan como antes.” (Art. 1203, C.C.C.N.) .

“En el caso puntual del pago de los alquileres, encontramos similitudes con el sector comercial que aún no pudo retomar actividades por la cuarentena. En ese sentido la diferencia con el sector cultural independiente es que per se no tiene una finalidad única de lucro, lo cual hace más frágil la estructura económica del emprendimiento y su posibilidad de sustento en este marco de emergencia”,

Nicolás Daniluk, Coordinador General de CLUMVI, compuesto por más de 40 espacios musicales en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Tarifas, alquileres y apoyo

Más de 100 salas de teatro independiente desde 25 a 30 espectadores y salas con 300 butacas en Ciudad Autónoma de Buenos Aires conforman ARTEI. Retoma Alejandra: “Estamos trabajando en tres pilares fundamentales. Uno tiene que ver con establecer una tarifa social en relación a las empresas energéticas. Es una lucha que se comenzó en el macrismo y todavía hoy es una deuda pendiente para los espacios culturales. Desde que comenzó la cuarentena siguieron viniendo facturas muy elevadas que tienen que ver con consumos estimados de cuando los espacios estaban abiertos. Otro punto fundamental es poder construir una ley de alquileres que proteja a los espacios culturales, que por lo general no tienen capacidad de ahorro ni de capitalizarse para poder enfrentar épocas de cierre y poder seguir pagando todo lo que implica el funcionamiento de un lugar. Por último, necesitamos apoyo económico. Nosotros hemos tenido una ayuda económica que vino desde Nación, del Instituto Nacional del Teatro, el Plan Podestá, pero desde la Ciudad devBuenos Aires todavía está el compromiso de una partida de emergencia que por el momento no hemos recibido”.

Por su parte, ESCENA congrega a más de 45 espacios escénicos independientes. “Es una organización artística, cultural y política nacida en 2010, en un contexto signado por la emergencia, el vacío legal y las clausuras recurrentes. Y, con el tiempo y a partir de la acción, fue dando lugar a una identidad viva, diversa, en construcción y reflexión constante”, cuenta Eduardo Pérez Winter, director de la sala teatral Silencio de Negras, en el barrio de Monserrat. Desde la agrupación están organizando un fondo solidario para atender y sostener a lxs más vulnerables del sector. “Nuestros reclamos no pasan únicamente por buscar paliativos para la situación actual sino también por conseguir el reconocimiento de nuestra labor como trabajadores de la cultura y que se generen las condiciones para que nuestro trabajo se valore y retribuya como tantos otros. El compromiso y el ´amor´ por la actividad artística esconde un sistema de autoexplotación y delegación de responsabilidades del Estado en les trabajadores autogestivos de la cultura. El arte es un trabajo y esta labor involucra a muchísima gente que además de generar un capital simbólico, está generando su sustento de forma material.”, agrega Eduardo.

Desde el 20 de marzo – día en que se inició por decreto el aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el país- los teatros independientes recibieron una ayuda económica por parte del Instituto Nacional del Teatro, dependiente de Nación. A su vez, los clubes de música en vivo recibieron ayuda del Instituto Nacional de la Música (INAMU) y se estima que en un tiempo estarían recibiendo de parte de BAmúsica, del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Esto colaboró en una primera instancia, aunque a esta altura resulta insuficiente. Los centros culturales no recibieron ayuda. “No contamos con un Instituto de Fomento como lo tienen los teatros independientes con Proteatro y los clubes de música en vivo con el régimen Bamúsica. Es por esto que somos dentro del sector de espacios culturales los más precarizados”, aclara Laura González, de Casa Brandon e integrante de MECA, que reúne a 50 espacios culturales de CABA, en su mayoría centros culturales. “Necesitamos políticas públicas. Todavía no recibimos subsidios de ningún tipo por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El sector de la cultura independiente es un sector en su mayoría formado por espacios culturales que son sedes físicas de asociaciones civiles y cooperativas culturales que trabajan hace mucho años como emprendimientos sociales sin fines de lucro. Eso implica que muchxs no tienen margen para poder subsistir en este contexto de crisis porque no son emprendimientos que generen ganancia. Nuestras encuestas dicen que solo el 22% de los espacios culturales pudieron afrontar los alquileres de abril. Si esto sigue así serán decenas los espacios que no puedan reabrir sus puertas perdiendo cientos de puestos de trabajo en arte y cultura”.

Concluye Alejandra Carpineti: “Estos momentos evidencian el nivel de precarización que tiene la cultura independiente tanto para les trabajadores de los espacios como la actividad en sí. Es muy importante que la cultura independiente no esté asociada a precarización o a trabajo gratuito. Son buenos momentos para reestructurar y pensar cosas que nos quedan viejas, formas de trabajo, de generar cultura”.

(*) https://www.lavaca.org/portada/alerta-cultura-politicas-urgentes-para-una-actividad-esencial/

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