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PÚBLICOS EN TIEMPO DE PANDEMIA PARTE II

PÚBLICOS EN TIEMPO DE PANDEMIA PARTE II

Una oportunidad para identificarnos como trabajadorxs escénicos.

En 2017 se registraron en el territorio nacional 1.737 (1) espacios que programan de manera asidua artes escénicas. En un relevamiento realizado durante el 2019 en la Ciudad de Buenos Aires se registraron 192 Salas Teatrales independientes y 76 Centros Culturales (de los cuales el 64,50% programa artes escénicas) (2) . Recientemente el Ministerio de Cultura de la Nación realizó una encuesta para dar cuenta del sector cultural en tiempos de COVID-19. En el primer corte respondieron 13.019 trabajadorxs culturales de los cuales el 21% afirma dedicarse al Teatro, el 13% a la Danza y el 3% al circo/teatro callejero (3). Con este breve punteo, pretendo dar cuenta de la dimensión de este subsector cultural tanto la cantidad espacios, como lxs trabajadorxs implicados en ellos: intérpretes, dramaturgxs, profesorxs, coreográfxs, directorxs, escenógrafxs, boleterxs, productorxs, técnicxs, vestuaristxs, diseñadorxs, programadorxs, etc.


Desde hace más de 200 días la actividad escénica está frenada en cuanto sector productivo. Y si bien las fases de la ASPO (aislamiento social preventivo y obligatorio) en el territorio nacional son diversas, la actividad escénica será de las últimas actividades en regresar. De los circuitos escénicos, el independiente, también conocido como autogestivo, es el más afectado. Así la emergencia económica de la pandemia corrió el velo, dejando al descubierto y agudizando esta problemática histórica: la precariedad de las condiciones de trabajo y de vida de lxs trabajadores escénicxs. No obstante y pese al cierre indefinido de los espacios escénicos y las diversas actividades que allí acontecen (funciones, clases, ensayos, encuentros) el sector ha hecho múltiples intentos por generar contenido y/o reponer producciones artísticas mediante las diversas plataformas de streaming generando una paradoja dado que fue de los primeros en cerrar, y que será de los últimos en abrir, ello agravado si se toma en cuenta que el mismo acompaña diariamente a la sociedad confinada en sus hogares. El capital del “aguante” (4) que brinda el sector escénico no se corresponde proporcionalmente en sus ingresos económicos. En el boom de la digitalización cultural, es cuando este sector más se ha desfinanciado y pauperizado.

Desde hace más de 200 días la actividad escénica está frenada en cuanto sector productivo. Y si bien las fases de la ASPO (aislamiento social preventivo y obligatorio) en el territorio nacional son diversas, la actividad escénica será de las últimas actividades en regresar.

Lxs trabajadores, como en toda crisis, se unen, se organizan. A modo de ejemplo, la organización cultural ESCENA (Espacios Escénicos Autónomos) de CABA, que estaba constituida por 33 salas antes del COVID-19, hoy nuclea 44 espacios. Sus integrantes se organizan en busca de soluciones colectivas generando acciones en red como la creación de un fondo solidario para las Salas y personas que las conforman (en primera instancia). Y también funciona como un frente de articulación y mediación con el Estado. La Asamblea de Teatristas de la ciudad de Córdoba se organizó entre otros modos, generando una Sala virtual a la gorra por Facebook, hacen colectas de dinero para quienes más lo necesitan (a partir de relevamientos generados por ellxs mismxs) y reparten bolsones de alimentos gestionados por el Estado pero articulado con la fuerza y solidaridad de este espacio de contención y otros afines. Lxs profesorxs de teatro independiente se organizaron en el PIT (Profesores Independientes de Teatro) para reflexionar sobre las clases en y post pandemia. Este espacio tiene un pensamiento constante con el foco en la vuelta de la presencialidad. Además la reunión y unión entre colegas funciona como una forma de dar visibilidad a sus problemáticas específicas. Los ejemplos son diversos y se observan en todo el país. Las artes escénicas son una comunidad y como tal, si sus integrantes se ven afectados el sector en su conjunto se verá perjudicado. Es por ello que se hace necesario buscar soluciones para que lxs trabajadorxs culturales, espacios, festivales y proyectos sobrevivan. Para dentro de los colectivos se está trabajando de formas creativas que fomentan la horizontalidad. Las agrupaciones y organizaciones están atravesando procesos internos, creciendo como espacios, ensanchándose y acompañándose en medio de una pandemia. Desde el estado se busca dar algunas soluciones, pero son insuficientes en este cimbronazo que aún persiste en cuerpos confinados. Que la distancia sea sólo física y con un horizonte visible. El estado de emergencia cultural es inminente.


Este contexto es una oportunidad para identificarnos como trabajadorxs escénicos. Para reconocernos en cuanto pares y sujetos que necesitamos de condiciones de producción que garanticen condiciones de vida dignas. Entendernos como parte de una comunidad es fundamental ya que la experiencia nos muestra que la salida es colectiva. En cuanto a la programación y curaduría, pareciera en este contexto que los públicos van a tener a futuro una mayor incidencia. La pandemia está redefiniendo conceptos como participación, que antes se entendía como asistir y ahora se iría reconfigurado en aplicar. Habrá que estar muy atentxs y tener la sensibilidad bien aguda para descifrar que van a desear ver/experimentar nuestros públicos o bien darles un lugar activo en el proceso de toma de decisiones. Implicarlos en la futura programación de los festivales y espacios, porque seguramente la mirada y subjetividad de nuestro público está siendo modificada por esta pandemia y no hay certezas sobre los gustos y prácticas culturales post COVID-19. La incertidumbre del comportamiento de los públicos a futuro propone, como mínimo, una doble lectura, por un lado la necesidad de campañas para recuperar la confianza en el espacio y la proximidad con unx otrx; y por otro, la posibilidad que emerja un nuevo público post pandemia. Me gustaría creer que es posible identificar transformaciones, en tiempos del COVID-19, del lugar de lxs otrxs en términos expandidos.

Muchas veces vivimos con una vertiginosidad, sobre todo en las grandes ciudades, donde no queda tiempo para una interacción de la calidad con lxs otrxs. Donde siempre venimos corriendo de algún lugar y así también muchas veces nos vamos. El teatro, tiene una magia especial que pareciera que nos da un deseo extra para quedarnos una vez que llegamos. Como cuando nos cierran la Sala porque ya hace rato terminó la función y nos quedamos hablando en el hall sin darnos cuenta del tiempo, cuando nos vamos a comer algo o tomar un vino post función. Cuando sacamos tiempo de la galera para encontrar momentos de ensayos. Espero que la pandemia esté dando otro tipo de registro por lxs otrxs, los pares que la están pasando mal y necesitan ayuda, lxs otrxs vecinxs que tal vez nos necesiten y el otrx como un nosotrxs mismos y así saber buscar colaboración en la red que es la comunidad escénica. Pensando en los públicos, me pregunto si no estamos ante una posibilidad que los públicos se amplíen, que surjan nuevos otrxs. ¿Es posible que este auge cultural que supo ocupar las pantallas durante estos tiempos de confinamiento físico, haya despertado la curiosidad y den ganas a los públicos, una vez terminada la pandemia, de acercarse a una sala? Será un desafío del sector (en medio del desafío mayor de sobrevivir) generar estrategias para hacer que esos públicos pandémicos no se pierdan.

(1) SInCA, Sistema de información cultural de la Argentina. Encuesta de consumos culturales / Teatro. https://bit.ly/3eSoV3W
(2) “Culturas Independientes. Caracterización y distribución geográfica de las organizaciones culturales urbanas con programación en vivo de la Ciudad de Buenos Aires. 2018-2019″ https://bit.ly/3eURkGw
(3) Encuesta Nacional de Cultura. Primer corte. https://bit.ly/2ZrwFTU
(4) Cassini, 2020. “Públicos Culturales en tiempos de distanciamiento social” https://bit.ly/3ipcsqr

Sabrina Cassini es licenciada en Sociología (UBA), gestora cultural e intérprete escénica.
En el rol de investigadora cultural a partir del desarrollo de investigaciones y relevamientos tanto en ámbitos gubernamentales como independiente. Como socióloga tiene tiene pertenencia institucional en IIAC-UNTREF y como profesora adscripta en la UNC.
Desde 2018 y hasta la actualidad se desarrolla como Subdirectora del Elenco Municipal Danza Teatro de la ciudad de Córdoba. Desde sus inicios formó parte del Club Cultural Matienzo llevando a cabo tareas como productora y programadora. Forma parte de la organización cultural ESCENA y participa de diferentes redes del sector cultural. Se desempeñó como integrante del directorio del Instituto PROTEATRO, en representación de Salas.

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